Crónica VII

Puntos

Por Belisario Sangiorgio

Puede ocurrir que en la vida te encuentres enfrentado con la policía más por necesidad que por voluntad.

Los vecinos de la toma dijeron que las camionetas vinieron para allanar de noche y sin orden judicial porque lo que verdaderamente querían no era capturarnos sino torturarnos.

Supongo que no es extraño que sean también infelices como uno mismo los desventurados que andan penando por los mismos caminos que anda uno.

El chileno era idiota y bocón pero también impulsivo y además andaba asustado y enojado y sin un buen motivo para seguir viviendo; y tomaba mate mirando la calle desde la puerta entreabierta del frente de la casilla con un revólver calibre 22 enganchado en el jean, abajo de la remera.

Y al atardecer las personas comunes pasaban haciendo lo que hace el pobrerío que vive en la toma cuando cae el sol: acarrear agua en bidones, juntar chapas para tapar los agujeros del techo, picar leña; los niños y las niñas juegan al fútbol en una canchita de tierra.

De un hombre dicen más las batallas que ha perdido que las batallas que ha ganado. Si querés saber qué tan violento es alguien, tenés que fijarte cuántas veces los médicos del hospital público le han cosido con puntos de sutura heridas en la cara, en la cabeza, en los ojos o la boca.

Se endurece la mirada después de declarar bajo juramento en diferentes jurisdicciones.

Aprendemos a someter a los judiciales y a los sargentos escribientes utilizando para ellos como cepo de hierro solamente una cadena de palabras.

Yo sé que me buscan.

Pero no me interesa.