Crónica VIII
Rutas
Por Belisario Sangiorgio
Vaciando las cuentas bancarias de los traicioneros y extorsionando a sus familias, en tu ciudad y en la ciudad de otros cuántos. Viajando por la ruta en los amaneceres y en los atardeceres ganando dinero de provincia en provincia como un fugitivo peligroso al que nadie quiere encontrarse, llevando en tu memoria suficientes capitulos para escribir un libro interminable de hechos reales.
La maquilladora que te preparaba en el estudio de televisión antes de salir al aire estaba casada con un mecánico de autos que la ignoraba y no le prestaba mucha atención.
Se acercó para hablarme y me dijo que a la tarde iba a pasar a verme por el complejo cerrado de departamentos donde yo vivía porque los empresarios habían incluído por contrato para mí un tres ambientes en las afueras de la ciudad.
Llegó cerca de las cuatro de la tarde y tomamos café con facturas en la mesa de madera del living que la mueblería había traído en el camión de entregas esa misma mañana.
En un momento ella se puso a llorar y al mismo tiempo me abrazó apretando contra mi con mucha fuerza sus tetas enormes de mujer de 40 años de edad, y entonces ella arqueó su espalda, ahora alejándose, y separó su rostro de la escena por un momento, mirándome.
Después de dos o tres segundos, latigó su cabeza hacia la derecha como señalando el dormitorio.
Así que yo entendí inmediatamente lo que ella me estaba diciendo pero sin pronunciar palabras. Y la tomé de la mano y caminamos hacia la cama. Cuando comenzó a sacarse la ropa todavía tenía gotas de lágrimas en las pestañas.